Categoría: Colaboraciones

Arena del Pacífico

Arena del Pacífico por Isabel Salas

Soy José, tengo 29 años, soy negro y vengo de López de Micay. Hasta hace 20 días solo sabía pescar, y también pelar los peces, venderlos y cuando había fiesta, prepararlos. También sabía tocar marimba y cantar.

Ventanas

Ventanas por Isabel Salas

Llegó hace 4 días. Parece que sus lágrimas son infinitas. Llora y se traga los mocos. Tiene el hábito sucio, maltrecho. Los cabellos finos y negros, desordenados. Se sentó en un rincón, con las piernas dobladas y una expresión de tristeza que no había notado antes en ninguna de las que han pasado por aquí.

Dejar el barrio

Dejar el barrio

Desde hace unas noches, al acostarme, viene la imagen recurrente de García Márquez viajando con su mamá para vender la casa: “no tuvo que decirme cuál”, escribe Gabo en sus memorias, “porque para nosotros sólo existía una en el mundo, la vieja casa de los abuelos de Aracataca”.

Autogol

Autogol

Sé que no has dejado de pensar en ese día, en ese instante en que viste cómo se elevaba el balón y se dirigía directo a tu cabeza. Todo sigue tan claro, tan diáfano, que aún, a veces te interrumpe el sueño y te despiertas con esa sensación indefinible, entre estar triste o feliz. Ha pasado tanto tiempo y ese recuerdo es tan caprichoso, como el de las mujeres que pudiste llevarte a la cama y despreciaste o te despreciaron, o como el de los viajes que no hiciste por miedo o por pereza.

Encuentro

Encuentro

Por fin el hombre está sentado frente a mí. Ha pasado tanto tiempo, no recuerdo cuánto. La última vez que lo vi era un niño y ese rostro joven que venía como una ráfaga de vez cuando, con el tiempo se fue haciendo borroso, pero ahora que él está sentado en la sala de mi casa y reconozco, en esa cara, tatuada por el paso de los años, algunos rasgos de la época en que me enseñó a montar en bicicleta, o cuando nos íbamos de paseo en el Renault seis rojo para la finca de su primo en Buga.

La suerte del paraguas

La suerte del paraguas

Por estos días en que a la ciudad se le rompió el cielo y cae la lluvia lenta y segura sobre las calles y el viento corre a una velocidad de miedo, es imposible no pensar en la suerte del paraguas.

Comedor

Comedor

Hace poco murió un amigo de infancia. Aunque no lo veía desde hace mucho, cuando recibí la
noticia, sentí un vacío en el pecho y de repente mi vi jugando de nuevo con él en las calles de
mi barrio, cuando venía a pasar vacaciones a mi casa desde Buenaventura.