Select Page

Ventarrón: ‘El sonido de la naturaleza’ por Isabel Salas

Ventarrón: ‘El sonido de la naturaleza’ por Isabel Salas

Hace poco leí que, según un estudio científico, el sonido de la ranita que habita tantos jardines, parques y patios de Cali, afecta el sueño de un gran número de personas. Me impactó el hallazgo.


Recordé con nostalgia aquel sonido, común en esas casas grandes del norte de mi ciudad, donde habité algún tiempo. Recordé caminar por esas calles con B, amarnos con ese sonido de fondo. En esa época, que fue hace tantos años ya, creía que se trataba de un grillo. Luego supe que era una pequeña rana, una especie invasora, además, que se ha dispersado por diferentes zonas de la ciudad y que difícilmente se puede ver porque es muy pequeña, pero cuyo sonido nocturno es constante y potente.


El sonido de la rana silbadora o Coquí, como suele conocerse, precisamente por su canto, hace parte de su ritual de apareamiento y es emitido exclusivamente por los machos, en una suerte de competencia por quién canta más fuerte, más intensamente. El “CO” aleja a otros machos y establece un territorio, mientras que el “QUÍ” atrae a las hembras. 


Hace poco también, H me enseñó a identificar aves, descubrí con asombro la gran cantidad que puede hallarse en una montaña, pero también en mi casa, desde un cuarto piso en la localidad de Chapinero. Cuando las escucho, pienso en él y anhelo volcar mi atención a lo más elemental de la naturaleza: su pecho inflándose al respirar, sus ojos agrandados buscando el ave y el peso de su brazo sobre mi hombro. La textura del pasto bajo los zapatos, el sonido del viento, el canto de los pájaros.


Mientras tanto, a kilómetros de esa montaña, en mi casa, escucho por la mañana y en la tarde el sonido de la mirla patinaranja y de la mirla buchiblanca. El canto de estas aves, como el de las ranas, funciona en los machos para marcar su territorio, espantar a otros y atraer a las hembras. Los expertos dicen que entre más elaborado y sostenido sea su canto, mayor es la impresión de fuerza y vitalidad que transmiten. Y hay algo más grandioso, cada canto es único, no hay un mirlo que cante exactamente igual a otro.


Hace un par de semanas me encontré con uno en el jardín de mi edificio y quiero pensar que verlo ahí fue un regalo de la naturaleza. En algunas culturas, los mirlos se relacionan con una figura de protección o guía, así que, buena suerte la mía.


También allí, en mi edificio, a veces escucho los sonidos de mis vecinos mientras hacen el amor, nunca los escucho hablar, ni reír, ni pelear, ni escucho la música que escuchan ni las películas que ven, pero los escucho gemir. Tampoco sé cómo se llaman, pero sé que ella gime sin vergüenza y de forma constante, después de unos minutos él lo hace, fuerte y breve. Sus sonidos los escucho de forma esporádica y por eso, quizá, no me molestan, al contrario, cuando aparecen en las noches reafirmo que hay vida al otro lado de la pared, que siguen juntos y que soy testigo silente de ese encuentro, una de las situaciones más naturales (y a la vez de mayor fragilidad) en la que cualquier especie se puede encontrar.


Los gemidos en los humanos son una respuesta física y emocional tremendamente implícita a la vida, hacemos estos ruidos cuando comemos algo rico, cuando sentimos dolor, cuando lloramos o cuando una actividad física es intensa, cuando corremos, levantamos pesas o hacemos el amor. En ese campo, gemir funciona también como un sistema de comunicación, se constituyen en un mensaje de gozo para el otro, incluso como una guía que le indica cuándo se está disfrutando más el momento.


La naturaleza demuestra que no sólo estamos hechos de historias, como diría el poeta, también estamos hechos de sonidos que son vida, mensajes y recuerdos.

Colofón: si quieren saber más sobre la rana Coquí en Cali, aquí pueden consultar el estudio sobre el impacto de su sonido, si quieren saber cuáles son los pájaros que escuchan en su entorno descarguen la App Merlin Bird. Y, si no quieren escuchar a sus vecinos tirar, compren tapones para los oídos.

About The Author

Isabel Salas

Comunicadora social de la Universidad del Valle, especialista en comunicación estratégica de la Universidad Sergio Arboleda y magíster en Gestión Pública de la Universidad de los Andes.