Inventario secreto de Abilio Estévez
Abilio Estévez se sentó a mi lado, sacó de su morral una caja metálica pequeña, la abrió y me ofreció una de las pastillas. Antes de estirar la mano, para no rechazar el ofrecimiento del escritor cubano, examiné el contenido de la cajita redonda, que tenía cinco grageas de diferentes colores y tamaños.
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