Ventarrón: ‘Younger’ por Isabel Salas

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Una mujer de 40 años, recién divorciada y con una hija en la universidad, busca trabajo en el mundo editorial después de haberse dedicado por muchos años a su familia. Se enfrenta a un sin número de entrevistas, todas encabezadas por centennials  que hablan de TikTok, reproducciones y tendencias. Agobiada porque su experiencia parece no […]
Comunicadora social de la Universidad del Valle, especialista en comunicación estratégica de la Universidad Sergio Arboleda y magíster en Gestión Pública de la Universidad de los Andes.
Younger

Una mujer de 40 años, recién divorciada y con una hija en la universidad, busca trabajo en el mundo editorial después de haberse dedicado por muchos años a su familia. Se enfrenta a un sin número de entrevistas, todas encabezadas por centennials  que hablan de TikTok, reproducciones y tendencias. Agobiada porque su experiencia parece no ser un atributo en ese mundo juvenil que le resulta tan desconocido, y motivada por su mejor amiga, emprende lo que parece imposible: hacerse pasar por una joven más, una de 26 años.


Cambia de ropa, de maquillaje y, sobre todo, de actitud. Consigue el trabajo.


Así empieza ‘Younger’, una serie que estoy que punto de terminar (aunque no es la más brillante y ese tema central que me enganchó al inicio se va diluyendo con el correr de los capítulos) y que me ha hecho reflexionar sobre el manido asunto de la edad.

Al parecer, yo nunca he encajado en la edad que atravieso. Cuando tenía 14 años aparentaba 18, cuando tenía 23 proyectaba unos 30 y después de los 30 cada vez parezco de menos ¿envejezco sin dignidad? No lo sé, lo cierto es que a portas de cumplir 40, me siguen diciendo que parezco de 32, de 28 y hasta de 25. Spotify, incluso, me catalogó con una edad de 22, por mis gustos musicales.


Lo que me pregunto hoy es, ¿en realidad qué significa llegar a, o tener 40 años? Pienso en mi mamá, cuando ella tenía esa edad yo era una niña que aún no iba a la escuela, ella era una mujer vital, llena de gracia y alegría, bailaba, cantaba y coqueteaba. No sé si sentía vieja o joven, lo que sí sé es que parecía tener todo lo que quería.


¿Y yo? Hoy habito los 39, el último suspiro de esta década, con una disminución dramática de expectativas. No tengo listas de propósitos ni asuntos vitales por chequear, por primera vez en mucho tiempo.


Aspiro a lo básico, ya no sueño con cambiar el mundo como cuando 13, ni a ser trascendental como cuando tenía 18, ni a un cargo de prestigio como cuando tenía 25, ni a llenarme de cosas como cuando tenía 30. Ahora, más que nunca, aspiro a un par de asuntos, tal vez más difíciles de conseguir que todo lo anterior, pero que están más cerca de cómo quiero vivir los siguientes 40 años, o los que sean.


La proximidad de los 40 se siente como llegar a la mitad de la vida, veo en retrovisor las diferentes versiones de persona que he sido, lo que he ido dejando en la camino, pero también lo que traigo a cuestas. Y en frente, todo luce extrañamente vacío, en calma, como si acabara de salir de un bosque tropical y me encontrara en el horizonte con una llanura. Pacífica, pero provocadora.


¿Qué hay allá? Vamos a descubrirlo.
“Vieja la cédula”, decía mi mamá. Y yo le creo.

Colofón: ‘Younger’, la serie, creada por Darren Star, el mismo de otras series como Emily en París, y clásicos como Berverly Hills, Melrose Place y Sex and the City, es una adaptación de ‘Younger: Tienes la edad que dices’, un libro de Pamela Redmond Satran publicado en 2005 ¡hace más de 20 años!.
Tal vez valga la pena leerlo, solo por el gusto culposo de saber cómo se han preocupado, y ocupado, otras generaciones, frente a lo que implica y significa llegar a los 40.

Ah, y ‘Younger’, la serie, está disponible en Netflix.

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