“Tenemos que contar nuestra historia, es la única forma de saber quiénes somos”, Marco T. Robayo. – Por: Gustavo Bueno Rojas

Creemos en la lectura como viaje, como punto de partida, pero no como destino. Viajemos juntos por las páginas de la literatura colombiana ¡Vamos a andar!

“Tenemos que contar nuestra historia, es la única forma de saber quiénes somos”, Marco T. Robayo. – Por: Gustavo Bueno Rojas

Marco T. Robayo- Archivo personal

El escritor colombiano Marco T. Robayo presentó este año su nueva novela Piel de ébano publicada por Planeta. Desde Dallas, Estados Unidos, nos contó los pormenores de esta historia de largo aliento.

Marco T. Robayo siempre tuvo un sueño. Escribir. Desde muy joven cuando leyó a Twain, a Verne a Dickens se dio cuenta de que en esos mundos existía algo maravilloso. También soñó con ser piloto, por eso, cuando terminó el bachillerato se presentó, en Cali, a la Escuela de Aviación Marco Fidel Suárez, al mismo tiempo que se inscribió a la carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad América de Bogotá.

Aún no logra explicarse muy bien por qué no se decidió por los aviones, tal vez era muy costoso, dice, pero la ingeniera lo ha llevado a recorrer el país y algunos lugares del mundo. Robayo nació en Bogotá a comienzos de los setenta, vivió casi una década en Barranquilla, otros años en los Llanos Orientales, pero la situación de conflicto armado del país, lo llevó a autoexiliarse en Estados Unidos junto con su esposa. Ahora vive en Dallas en donde logró estabilizar su vida, especialmente para ponerse a escribir. “Cuando tuvimos que salir del país”, dice Marco, “le dije a mi esposa, voy a acomodar mi economía, para empezar a hacer mis libros”, y así lo hizo, ha publicado seis novelas de largo aliento y tiene otras inéditas, sus obras pasan por diferentes géneros que van desde la novela erótica (Scarlett, la Escencia divina del deseo), pasando por novelas de misterio como La transmigración del quinto sepulcro, hasta su más reciente novela histórica, Piel de Ébano.

Marco T. Robayo  se levanta de lunes a viernes a las 3:00am, a escribir, lo hace como si fuera a una oficina, durante ocho horas diarias le da vida a sus personajes que tienen que superar diversas situaciones. Su jornada de escritura termina a eso de las 11:00 am y luego se dedica a otros asuntos. Dentro de esa larga jornada, atendió a Ruta Literaria para contarnos cómo fue la génesis y el desarrollo de Piel de ébano (Planeta 2020) y cómo transcurren los días de pandemia en su residencia.

¿Por qué termina usted viviendo en Estados Unidos?

En un principio pensaba que si iba a vivir de escribir no iba poder hacer nada, porque tú sabes cómo es el campo, es muy complicado que una editorial acepte tus libros. Entonces le dije a mi esposa que cuando lograra establecer mi vida, acomodarla económicamente me iba a sentar a escribir mis libros. Logré estabilizarme en Estados Unidos, porque en Colombia fue muy difícil, me sacaron corriendo, tenía una muy buena vida, pero el ELN y Las FARC- EP me hicieron una persecución bárbara, me iban a secuestrar en Barranquilla.  Me tocó empezar de nuevo, dejé colgado mi cartón de ingeniero en Colombia, empecé de cero y cuando pude tener una estabilidad pude iniciar a escribir.

¿Cómo inició este viaje trasatlántico que se llama Piel de ébano?

Inicialmente debo decir que para iniciar que tuve que hacer como si escribiera todo el tiempo, haciendo borradores, reuniendo información, toda suerte de apartes que encontraba en internet. Contraté a una persona en Cartagena para que me ayudara con la parte histórica y a otra para que revisara el archivo de Indias en Sevilla, España. En la primera fase de investigación hice como si estuviera escribiendo, le dedicaba ocho horas a la investigación, todos los días. En los cuatro primeros meses traté de compilar todo lo que más pude, y trataba de encontrar esas partes en donde la historia se quebraba,  donde no había  suficiente información y empecé a conversar con personas del Caribe, con personas en España para que me ayudaran a aclarar esas partes que no tenía claras. El proceso se extiende hasta seis meses. No sobra decir que en la parte final tuve que investigar porque había unos elementos que no tenía claros y quería hacerlo lo más cercano a la realidad, no quería cuestiones anacrónicas, quería que todo estuviera bien fundamentado. Además los lectores de este tipo de novelas siempre están pendientes de fechas y de datos, entonces yo no quería fallar en eso, entonces tenía que devolverme a corroborar cosas. Escribir una novela histórica lleva un poco más de tiempo, que otro género.

¿Qué encontró usted en toda esa gran investigación que realizó, que le impulsó a escribir esta historia?

El punto de partida para poder crear la historia  fue el primer empadronamiento que se hace en La Nueva Granada en 1777, se hace en Cartagena. Cuando se lleva a cabo, Cartagena contaba con cinco barrios, si la memoria no me falla: La merced, San Sebastián, Santa Catalina, Santo Toribio y Getsemaní. Cuando ellos hacen ese censo, logran hacerlo de una manera tan perfecta y dicen qué hacía cada persona en cada casa, es un contexto muy exacto, hay datos de que vivían 40 o 50 personas en una casa, blancos ricos que se habían venido a menos y habían terminado allá, entonces qué hice, tomo estos elementos que están claros en la historia y empiezo a formar la mía, pero había otros que no podía utilizar como ficción. Uno de los legajos de los barrios se perdió, el de Santa Catalina. Es ahí donde yo ubico a mi personaje con su familia, por qué razón, pues porque podía ponerles a ellos como eje central, entonces me dio esta historia de largo aliento porque podía manejar la historia desde mi personaje de ficción a interactuar con personajes reales.

Piel de Ébano es una reivindicación de muchos momentos de la historia, especialmente del papel de las mujeres, ¿Cómo logra construir estas mujeres tan fuertes que aparecen en su novela?

A partir de la búsqueda del archivo, encontré que muchas mujeres criollas estaban casadas con hombres  españoles mayores que ellas, las aventajaban en 20 o 30 años de edad. Los hombres se morían primero y les heredaban toda la fortuna a las mujeres y por eso ellas se veían abocadas a trabajar. Por eso aparecen, en la novela, tantas mujeres realizando tantos oficios artesanos en Cartagena. Por ejemplo, ellas tenían cuatro o cinco carruajes a su servicio y los alquilaban. Otro de los oficios era el de María Gervasia Guillén, vendía telas de las que traían de contrabando y así como ellas, había mujeres que trabajaban modistería y eso me pareció interesante ¿Por qué no darle ese poder a la mujer que en ese momento estaban como subyugadas?

 ¿Y de dónde nace el poderío de Manuela, la protagonista?

Los mulatos eran personas que discriminaban mucho, para la gente de la época era preferible ser negro, porque mulato era un cruce que aludía a los animales, porque el término viene de mula, que es el cruce entre yegua y asno, entonces incluso cuando las personas blancas se querían ofender entre ellas,  la forma era decirles mulato. Entonces lo que yo hago es coger una persona que está en el peldaño más bajo de la sociedad y ponerlo a que se enfrente a ese mundo difícil, complicado, pues ella es mulata, mujer y pobre.  Dándole otros elementos como que era huérfana y que ella tenía la seguridad de que su padre era un blanco pero que además quiere saber qué blanco es, cuál es su origen real y esto le da fuerzas para superar los obstáculos en la historia.

Por otro lado cuando llegaron los colonizadores a América, fue cuando hubo la más grande mezcla de razas. A partir de esa conquista hubo veintidós  razas nuevas, por ejemplo si se mezclaba el blanco con el negro daba el mulato, mientras que el blanco con el negro daba mestizo. Si el mulato se metía con un blanco y tenían un hijo daban una nueva raza que era el tercerón, y si este iba con un blanco era un cuarterón y este a su vez iba con un blanco un quinterón y a partir de ahí podía considerarse blanca. Pero que pasaba si un quinterón le daba por mezclarse con un negro, a ello le llamaban un salta pa tras. Y el mulato no quería ser mulato, quería ser o negro o blanco, no quería estar en la mitad.

Hay algo muy importante en la novela, y es la construcción de las diferentes voces, los diferentes tonos en la que está escrita. Usted emula el acento del castellano y también el acento caribeño, pero Manuela habla un español perfecto, que no tiene que ver ni con el acento de unos ni de otros…

Tú te das cuenta que hay varias mulatas y mulatos, una es Mercedes que es la modista con la que ella aprende el oficio. En esa época el español peninsular conservaba el castellano que traía de allá de España ellos no lo modificaban, el español criollo ya cambiaba, el que se manejaba en Santa Fe, al que se manejaba en Caracas y en Cartagena, se perdía el español que había traído, la cuestión es que el negro está subyugado a la  no educación, la diferencia de Manuela con respecto a los otros, si te das cuenta era que  todo el tiempo por Gonzálo de Ulloa  la corregía y esto hace que aprenda mejor el español, por eso tiene una comunicación mejor.

El amor es un tema recurrente en su escritura y en esta novela aparece desde muchas vertientes. ¿Es el amor su tema literario por excelencia?

Siempre busco un target para conectar a los lectores. Cuando uno se quiere dirigir a un público que lo conoce y que sabe uno siempre trata una línea en la historia y que es difícil cambiársela. En mi caso, cada uno de mis personajes tiene un propósito, un fin fundamental. ¿Qué hace el amor en la novela? Les da ese sentimiento esperanzador a los personajes y esto les da una conciencia más humana a la novela, algo más real, profundidad a los personajes.

¿Para usted cuál es la función de la novela histórica?

Yo creo que el punto fundamental está en la investigación. Cuando tenía 14 años me comencé a meter mucho en la historia, todo con lo que tiene que ver con La Guerra de las rosas, la división de las castas, Escocia, Inglaterra. Me dieron ganas de saber más sobre estas cosas y de los personajes históricos. Conocer de primera mano, como fue la vida Nicolás II, la Rusia del Siglo IX, cuando llegan los bolcheviques, eso lo enriquece a uno, entonces me interesaba escarbar y escarbar en eso, es un gusto que nace así, solo por el afán de conocimiento y obviamente por curiosidad.

Alguien me comentaba alguna vez que a los europeos les interesa más la historia latinoamericana, porque historia de Rusia, de Alemania de Inglaterra está llena Europa. En el gran genocidio, por ejemplo, que es un libro que escribo sobre la muerte de los amerindios cuando llegaron los españoles. A mucha gente le llamaba la atención, porque yo hacía la comparación: ¿por qué el genocidio judío que se calculó en 5 millones de muertos, ha desplegado una gran cantidad de novelas de películas de libros? Ahora yo pregunto ¿cuántos se han hecho? sobre la muerte de los indígenas, son contadas con los dedos de la mano. Los muertos son más de 90 millones, ¿son acaso estas víctimas de menor importancia que los judíos? Yo considero que no, yo creo que tenemos que contarle a la gente lo que ocurrió. Es también pensar en qué responsabilidad tenemos nosotros a la hora de contar esa historia, no como nos la enseñaron a nosotros. Yo me acuerdo que en los 60 que a mí me enseñaron a amar lo que venía de España, a Cristóbal Colon, pero la pregunta es ¿Se necesitaba esa colonización? ¿Se necesitaba una nueva lengua, una nueva religión? ¿Acaso nuestro calendario no era más exacto que el que ellos trajeron? No conocemos nuestra historia, tenemos que sacar nuestra historia adelante. Cartagena es bella, es hermosa tiene mucha historia pero no la conocemos.

¿Cuál es su Ruta literaria?

Mi interés por la literatura empieza desde muy temprana edad cuando empiezo a leer los libros de Mark Twain, de Dickens, Julio Verne, paso después a escritores como Hemingway. Me dejé influenciar mucho por los escritores norteamericanos como Faulkner, de hecho mi literatura no es muy latinoamericana.