“La novela es mi forma de indagar a Cali”, Humberto Jarrín B. por Gustavo Bueno

Creemos en la lectura como viaje, como punto de partida, pero no como destino. Viajemos juntos por las páginas de la literatura colombiana ¡Vamos a andar!

“La novela es mi forma de indagar a Cali”, Humberto Jarrín B. por Gustavo Bueno

‘La ciudad de los siete ríos’ es la nueva historia del escritor caleño Humberto Jarrín. Esta novela obtuvo el premio Estímulos 2019 de la Secretaría de Cultura de Cali. En esta entrevista, el autor conversa con Gustavo Bueno Rojas sobre su vida, su obra y, por supuesto, sobre su ruta literaria.

Por Gustavo Bueno Rojas

 

La primera vez que Humberto Jarrín Ballesteros se sentó a leer, lo hizo con el firme propósito de fingir. la lectura fue la excusa perfecta para espiar a la niña que vivía en la casa vecina  de un tío suyo en Zarzal, Valle del Cauca, que le gustaba tanto como después le gustaría la poesía.  Esa puesta en escena lo llevó a fijarse irremediablemente en los poemas que se publicaban en las Lecturas Dominicales del periódico El Tiempo, que era lo que usurpaba de la biblioteca de la casa del tío, para disimular la mirada.

En la separata de El Tiempo empezó a atraerle, además de la distribución tipográfica de los poemas que se publicaban, la fuerza de las palabras y las imágenes escritas por otros que decían lo que el joven Humberto quería expresar, entonces se dio cuenta que a través de esas lecturas podría pasar de la palabra a la acción.

Jarrín nació en Cali en 1957. Su infancia y adolescencia transcurrieron a destiempo. Empezó la primaria cuando se inicia el bachillerato y la secundaria cuando se debe terminar. Estudió ingeniería eléctrica y física pura, y pasó como él dice “del teorema al poema” y ahí se quedó. Es profesor universitario, sus días transcurren entre las aulas de clase, la lectura y la escritura. Acaba de lanzar una novela que le ha ocupado gran parte de su vida en donde deforma la creación mítica de Cali.  ‘La ciudad de los siete ríos’, se suma a la gran cantidad de libros que ha publicado, una cuarentena, que explora diferentes géneros, como el teatro, el cuento, el minicuento, la poesía, el ensayo, la literatura infantil y la novela.

 

¿Qué leías mientras espiabas a la niña que vivía en Zarzal?

Tenía 13 años, en esa edad las hormonas jalan, yo miraba hacia el frente y tenía que justificar estar sentado tanto tiempo en el patio de la casa, entonces en la biblioteca de mi tío estaban las Lecturas Dominicales y lo primero que me llamó la atención fue el formato, que por ser un poco más pequeño que un periódico, lo podía manipular mejor y de vez en cuando, de una manera camuflada, observar a la vecina. Luego me interesó que  había una decantación de lo que los periódicos trataban, no sólo por las noticias, sino que aquello era una decantación espiritual, si uno puede ver en los periódicos formales estaba la miseria del mundo, como la que hacían los gringos en Vietnam, la que estaban haciendo los franceses en muchas repúblicas, la que estaban haciendo los ricos en nuestros territorios. Encontré además la poesía, que la necesitaba en ese momento, y eso me llamó la atención, la distribución gráfica del poema, en relación con los otros cuentos que podía haber, la grafía me parecía muy agradable. Encontraba poesía colombiana, de las nuevas generaciones como los nadaístas, y hubo una conexión inmediata. Dentro de esos poemas había unos poemas amorosos, textos cortos que despertaron mi preocupación estética por lo breve.

¿Entonces esa historia del vínculo con la lectura despierta también el vínculo con la escritura?

Claro, la conexión empezó porque ahí encontré unos poemas amorosos y yo pensaba que nuestra relación debía ir más allá de la mirada, que tenía que estar mediada por la palabra, entonces ahí encontré esas palabras que estaban hechas a la medida de lo que estaba sintiendo en ese momento o que yo creía que sentía. Eso abre la necesidad de comunicarme, entonces empiezo a hacer frankestein, a coger cosas de aquí y de allá, porque sentía que la palabra cotidiana en ciertas cosas no me servía para nada, uno como escritor o cuando quiere ser escritor tiene que hacer la diferencia.

Ya uno untado en eso uno siente que me salva para dos cosas, yo siempre he sido muy solitario desde la niñez, nunca fui el de la gallada, pero en la juventud me fue mucho más difícil establecer esa relación para los juegos de fútbol, las conquistas, la literatura me sirvió no solo para eso, sino para indagar el mundo que me rodeaba, sentía luego que había una necesidad de decir cosas y entonces pues la literatura estaba ahí para decirlas.

Tu escribes diferentes géneros literarios, ¿cómo haces el salto de un género a otro? ¿cómo es ese proceso creativo en tu caso?

Todo ha sido una necesidad de exploración, en mi casa no hubo libros.  Yo conocí los libros estando adulto. Comencé mi bachillerato cuando un muchacho termina el bachillerato, por lo tanto hay un desfase en relación con ciertas formas establecidas. Como no había un encuentro con ellas, en ciertas formas, pues quiero indagarlas. Mi niñez estuvo plagada de ausencias de todo tipo, comenzando por las económicas que son las más difíciles, hicieron que yo no tuviera juguetes, pero entonces me inventaba los juguetes, los construía, los hacía. El tema está en querer hacer el asunto, entonces eso se trasladó a mi oficio literario, a preguntarme, bueno y qué tal si me meto a hacer una obra de teatro, una novela, etc. Hay como un interés de persecución de esas formas. En otras ocasiones ha sido la búsqueda del azar.

Pienso que la escritura es una sola, la he comparado con un río, que ese río de la escritura, cuando desemboca en el mar. La escritura es un río poderoso. Esta novela nace de una obra de teatro y esa obra es la que me sirve a mí como soporte para poder desarrollarla.

En ese cambio de géneros, ¿qué papel juega el lector?

Algunos escritores  dicen, “no, yo no pienso en el lector”, a mi me parece que eso es una soberana ingenuidad, porque en el lenguaje en sí mismo hay instaurada una figura de diálogo, de un yo y un tú. Esa estructura, que es inmanente al lenguaje, se reproduce en la literatura entre un autor y un lector y al interior del texto entre un narrador y un narratario y eso es insoslayable. Yo, en ese sentido, necesito antes un lector que sirva como pivote, lo necesito por un momentico, entonces lo uso para determinada parte, pero cuando la termino ya necesito otro, no es un lector desde la totalidad. Por ejemplo, yo empecé a escribir literatura infantil para mi hijo, pero cuando eso se empieza a publicar pues es obvio que le quitan a uno ese referente y se convierte en un mundo más amplio. Yo puedo pensar en un niño colombiano o latinoamericano.

Humberto Jarrín Ballesteros – Escritor

 

La ciudad de los siete ríos ha sido una reconstrucción de muchos de los mitos de Cali ¿Por qué unirlos todos en una sola historia?

Un poco para desembarazarme de ellos. Pensé en escribir tres cosas totalmente distintas, entonces me di cuenta que era escribir una historia en tres partes, y detesto las sagas, no me convocan, aunque sé que un posible lector le podría interesar o a un editor. Si lo escribía en tres partes se me desarmaba el puzle que tenía, porque para unas historias, si contaba con unos personajes, para la siguiente ya no me servían, no iban a aparecer en otra parte, esa otra parte quedaba sin referente previo.

Lo otro era que lo que yo quería contar era una espina de pescado. La historia está conectada por   un personaje que va caminando por la Calle Quinta, desde La Loma de la Cruz, hacia el sur, pues también, si se quiere, hay un interés topográfico, porque nuestra ciudad ha crecido hacia el sur. Entonces esa caminata lo que hace es mostrar que la ciudad se ha construido hacia el sur y la Quinta es nuestra columna vertebral, ahí comienza el cerro y el plano, hay una construcción geográfica y también social; los cerros suelen estar  la mayoría de miseria, salvo unos pedacitos que se han cogido los ricos, pero la mayoría es Terrón Colorado, Siloé. Esa caminata me permitía ir juntando esas historias a los lados y esas historias son el rito de iniciación de este sujeto, al principio él cuenta las historias porque ese es su modo de vivir , lo que ha oído, tiene la intuición de que son buenas, no las que un cuentero haría, como el chiste fácil, pero él no sabe que eso tiene mucho más y ese es un procesos de aprendizaje, así que en esa medida puede contar todo lo que quiera.  La novela pudo haber sido mucho más larga, corté muchas historias, porque no me llamaban la atención o no me funcionaban.

En la novela aparecen muchos datos históricos sobre la fundación de Cali ¿cómo fue esa investigación y cómo convertiste esa investigación en literatura?

Cali es una ciudad que tiene muchos mitos, que con el tiempo han ido cambiando y a la juventud le llegan otras historias y hablan de ello cada vez menos, pero eso hace parte de la construcción cultural, pero esas historias hacen parte de parte de mi interés político. A las leyendas, por ejemplo, se van sobreponiendo un montón de capas de olvido, no revelan su poder liberador. Desde los griegos sabemos que los mitos liberan, y los poderosos saben que si las escondemos o las modificamos pueden mantener el status quo. Entonces esas leyendas que me llegan, por el solo hecho de vivir en Cali, pues empiezo a desarmarlas, a preguntarme de dónde surgen, porque esas historias no vienen de la mera imaginación y la gente también tiene una base.  En ese sentido, al indagar nos encontramos una historia real, datada, de un negro que fue agredido por el poder, entonces a partir de eso se genera la leyenda, que empieza a crecer pero también la domestican y a mí me interesa la desdomesticación de esas leyendas, encontrarles eso que ha sido ocultado y sacarlas a flote, pero para hacerlo me interesa la recreación, no voy a hacer un trabajo de arqueología  para volverlo a escribir igual.  Busco esas historias para manosearlas, se les rinde un homenaje, pero las niego para volverlas a resignificar, eso hace que tenga una necesidad de indagar lo histórico. Empiezo a buscar libros que hayan hablado de eso, me doy cuenta que en la literatura caleña no hay, entonces voy a los viejos que la puedan tener, a los libros de indagación y luego a los periódicos que es donde está todo mejor guardado, curiosamente, porque los otros se van diluyendo.

En la leyenda de la mano del negro,  lo mataron, yo me imaginé que Juana, su mujer, queda en embarazo y se vuela,  que después ese negro que nace vuelve fortalecido a ejercer un procesos de justicia, entonces la sociedad caleña vive pendiente de que ese tipo se les venga encima, un luto social que es una metáfora de lo que fue la guerrilla y siempre estábamos pensando de allá va a venir ese tipo que nos va a venir a joder.

¿Cuál es la génesis de esta novela?

Esta novela nace de una obra de teatro, que se llama ‘A dónde irán a dar los duendes’, que obtuvo un premio de Colcultura hace 25 años. La historia es la de unos duendes que ayudan a un cuentero a recuperar la memoria para que cuente esos mitos en la ciudad. Después comencé a maquinar que el compromiso no era con la finquita, que ese tal vez era un sueño que tenía cuando pelado, es decir, yo soy un citadino y tengo un compromiso con la ciudad, con mi ciudad, con la urbe, yo me siento así, un urbicola, no podría vivir fuera en otras partes, yo voy al campo dos días y me empiezo a sentir extraño, y me interesa ese mundo agitado de la ciudad. Esa especie de entropía.

¿Cuál es tu compromiso como escritor?

Uno como escritor tiene un montón de compromisos. El primer compromiso del escritor es con la literatura en sí misma. Allí muchos se quedan y eso puede estar bien, también con el lenguaje, la literatura y el arte. Nosotros también somos seres situados, entonces me parece a mí que uno también debe como aprovechar la circunstancia en un momento determinado, un tinglado, uno o dos lo escuchan, no solo para decir que esta es mi literatura, sino para mostrar que detrás de eso hay otros mecanismos, otros resortes que pueden servir para distintas cosas, para conocer, hacer conciencia, para ciertas justicias e incluso hacer ciertas venganzas. Como dice Cioran uno tiene que saber vengarse porque una venganza que no está bien tramitada, va en contra de uno, claro uno no puede vengarse del otro haciéndole daño, pero la literatura da la posibilidad de llamarlos a cuenta, con otras personas con la sociedad y también con uno mismo. Si uno ha sufrido un montón de cosas, también uno ha sido gestor de ese destino y nuestra sociedad también, aunque uno no se proponga, las lecturas que los demás hacen con lo que uno ve, hay esas lecturas de carácter social.

¿Qué significa Cali?

Lo que puedo decir es que he establecido unos afectos que son ambiguos, a la vez que yo detesto el fútbol, la salsa, los conglomerados, la rumba, todos estos elementos que supuestamente nos identifica, pues uno podría concluir que esta ciudad no me sirve para vivir. Pero por otro lado está el afecto por la ciudad, si bien yo no participo de este bullicio si me gusta verlos como a lo lejos, como eso que está distante de mí, pero en algún momento son manifestaciones de la vida, y entre mis afectos también entran la geografía, el clima, yo no podría vivir en un lugar frío, ni siquiera medianamente tibio porque mi niñez fue en Guayaquil, la brisa, la luz y la manera como la gente se relaciona.

Yo vivo Cali como una paradoja, yo no soy muy sociable, no me interesan los amigos, pero la manera como la gente se relaciona aquí me llama la atención, hace parte de mis goces, y tener esas contradicciones en un mismo punto es lo que me llama la atención, de ahí mi decisión, de en algunos aspectos de la literatura, me interesa mostrarlo en la novela, no me interesa en la poesía ni en el minicuento, y trato de indagarla en ese género, es algo que acabo de descubrir.

¿Cual es tu ruta literaria?

Una de mis primeras fuentes literarias fue la filosofía, Voltaire, Nietzsche, que esos eran los libros que estaban en la biblioteca de mi tío que era uno de esos liberales ultraconservador, y aquí volvemos al principio, de toda esa gente desadaptada. La segunda vertiente ha sido la física, yo estudié ingeniería eléctrica, física pura, antes de llegar a la literatura me interesaban esas cosas, yo llegué primero al teorema que al poema. Me interesaban las historias de los físicos, pues siempre iban en contra de todos los asuntos. La poesía fue el primer género desde su parte tipográfico, ritmo, la métrica, la rima misma. Para mí fue fundamental la colección de literatura colombiana de Colcultura, que la encontraba en casa de otro tío, ahí leí por primera vez a Fanny Buitrago, García Márquez, Benhur Sánchez, Pablo Neruda, Oliverio Girondo, que son los poetas que me han marcado. En el cuento hay también otros deudores desde Rulfo hasta Borges y siempre me ha interesado la literatura local, yo creo que me puedo preciar de ello, los mantengo vigilados.