‘La cena’ por Shant Pibe (Santiago Mendoza)

Creemos en la lectura como viaje, como punto de partida, pero no como destino. Viajemos juntos por las páginas de la literatura colombiana ¡Vamos a andar!

‘La cena’ por Shant Pibe (Santiago Mendoza)

Aun no me creo que volvamos a vernos después de tantos años. Quien me abandono en el mundo, habiendo descorchado la lujuria en mi, ahora quiere volver a verme luego de tanto daño que me ha causado; tan solo para arrastrarme de nuevo a los precipicios de la locura.

Esta vez estoy preparado mi querida Súcubo; no seré vencido tan fácilmente. Un arsenal de técnicas y armas protegerán mi pobre corazón de tu hechizo, y cuando menos lo esperes, contra-atacaré.

Me he convertido en un excelente cocinero a punta de un maquiavélico estudio y mucho esfuerzo. Investigando acerca de cada afrodisíaco; meditando por largas horas sobre el equilibrio perfecto de vino y especias; la organización de los platos de porcelana, las servilletas de seda y los cubiertos de plata; los paisajes de candelabros de colores exponen un cuadro seductor al verse desde cierto ángulo en luz tenue y cálida. El escenario del paria para la escaramuza está listo.

He estudiado tu perfil con gran detenimiento, querida, para definir con precisión quirúrgica la comida más venenosa posible que será tu perdición. Una corona de camarones salteados en vino blanco con una salsa roja, un poco dulce, un poco picante, que contraste en definición con el amargo de la rúgula. Queso manchego, un tabaco cubano y vino tinto Late Harvest reserva; lo siento querida, pero no te mereces una gran reserva.

Mi debilidad siempre fue mi perdición, pero no esta vez. En esta ocasión utilizaré una blanca camisa de algodón prensado, mis sedosos pantalones azul petróleo, unos zapatos mocasines negros perfectamente pulidos; hoy conocerás al nuevo yo que no se arrodilla ni se dobla con el viento.

Llegas a mi puerta para encontrarte con la suave melodía de una atmósfera conscientemente misteriosa; creada especialmente para ti, querida. Tus manos aun corrosivas todavía casi infartan mi corazón con cada toque. Pero hoy soy más veloz que antes, y mucho más agresivo, te doy un cariñoso y sensual beso en el ángulo que divide el cachete del cuello, te guio de las palmas hasta el sofá para que la batalla se despliegue en mis términos.

Sé que empezaras a preguntarme cosas; sé que mi inconsciente te responderá y comenzarás a ganarme terreno; por eso debo darte este precioso detalle: un broche de rubí con oro blanco en forma de gata traviesa. Modesto pero complejo, lujoso, pero no tan caro; con esto lograré aturdir tu mente de mujer. Es mi contra-arma para tu embriagante olor y tu cautivadora figura que, aunque un poco más ancha que la última vez, aún tiene un poder inmenso sobre mi instinto.

Hoy no me veras perder la calma, pues para esto he entrenado tan duramente. Hoy el cazador será casado.

No fue fácil cuadrar que el calor fuese suficiente para que la instancia estuviera plagada de aromas pero aun suficientemente fresca para que solo tu abrigo resultara incómodo. Espero aprecies que te amo tanto, mi maldición, como para dedicarte todo el trabajo de esta noche.

Los manjares entran resaltando tus labios de rojo que quedan impresos en la copa de cristal y cuarzo… Carnosos… Malignos… No funcionara tu malvada estrategia, querida, pues he aprendido a entender mi cuerpo como enemigo propio, así que solo veo tu frente y oigo solo la música.

La celeridad es de la esencia de la victoria segura, terminado el ultimo poco del ultimo camarón retiro fugazmente la mesa y sin darte fuerza dispongo ante ti una exquisita tarta de tres chocolates.

Si vas a los lavabos para eliminar alcohol perderé mi ventaja pero eso no sucederá en tanto no descubras mi plan, pues el licor ligero es fuerte en alcohol pero de poca fluidez.

Estimulados tus sentidos con el cremoso postre, basta nada más una inocente mentira sobre mi nuevo hobby como estilista para que pueda acariciar tu pelo y estimular los nervios de tu cuero cabelludo.

El asalto final comienza con los besos sensuales en tu cuello y un ligero estimulo en la oreja. Desconocida es para muchos la sensibilidad intrínseca de los hombros, que acariciados con la presión justa, aquella de un velo movido por la brisa, causan en una amada la más profunda sensación eléctrica que recorra todo su cuerpo por la espina dorsal y libere algunas gotas de liquido en su entrepierna.

He aprendido a mantener el control, como un monje Shaolin, y sé que una fortaleza se derrumba por sus manos. Tócame… acaricia mi cabellera y tu mente se enredara en ella.

Besarnos con pasión mientas nos perdemos sobre aquella mesa es una batalla de voluntades. ¿Te acordaras de mi calor? ¿De la esencia de mi cuerpo? ¿De mis labios recorriendo tu cuerpo? ¿De mi lengua rodeando tus pezones? ¿De mis manos masajeando tus glúteos? ¿De entre tantos cientos de hombres y mujeres que han disfrutado de tus atenciones, te acordaras de mi, querida?

La batalla es salvaje e intensa una vez las capas superiores de ropa son retiradas. Mi instinto ruge por explotar, pero debo ser leal a mi estrategia y anteponer el disfrute de su carne antes de mis propios sentimientos e ilusiones.

El jadeo de la madrugada y el cansancio de su cuerpo dan muestra de la satisfacción del acto. En el final, antes de ondear banderas de triunfo, escuche su voz en la oscuridad diciendo: “No te has venido. Quería satisfacerte. Te quiero mucho sabes.”

Con un tierno beso en mi mejilla se despidió por esa noche y dando la vuelta se quedó dormida. Entonces, allí, en el cenit de la habilidad de un hombre en la vida, mirando a mi conquista, que tanto esfuerzo, sudor y lágrimas me costó conseguir, siento muy adentro de mi espíritu que, una vez más, he sido derrotado.