Desvaríos

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Presentamos estos Desvaríos de Juan Sepúlveda, una serie de textos y fotografías que nos llevarán a trasegar por la mente y la memoria de su autor. Lívido es el primero de esta serie de textos cortos. A quien lo lea: Desvaríos no es más que una colección de delirios, pensamientos, reflexiones e ideas que (aprovechándose […]
Ilusionista, mentalista, prestidigitador, actualmente estudia Licenciatura en Arte dramático en la Universidad del Valle, en Cali.

Presentamos estos Desvaríos de Juan Sepúlveda, una serie de textos y fotografías que nos llevarán a trasegar por la mente y la memoria de su autor. Lívido es el primero de esta serie de textos cortos.

A quien lo lea:

Desvaríos no es más que una colección de delirios, pensamientos, reflexiones e ideas que (aprovechándose de algún insomnio, depresión, borrachera o el efecto de cualquier otro alterados de conciencia que por pulcritud y morronguera no he de mencionar) se han escapado de mi cabeza y se han plasmado en estas hojas.

Sería fácil para mi hacer caso a la cordura y volver a encerrar mis desvaríos en el lugar del que escaparon, pero me refugio en la idea de que al enseñarlos encontraré a alguien que se identifique con alguna de las ideas que solo puedo expresar así. Si eso sucede. no será tan en vano la vergüenza.

Espero que quien se tope con estas letras no encuentre tan perdidos los minutos que dedicó a leerlas, (si es así tampoco encontraré tan perdidas las horas que dediqué a escribirlas) y que a través de ellas note, al igual que yo al escribirlas, algún movimiento en esa parte del sistema nervioso que quienes no sabemos de psicología no podemos explicar cuál es.

Lívido

En el yermo que tengo por mente, hoy las líneas mediocres florecerán sin el abono del vino, pues temo en su dulzor perder el retrogusto de los labios que hace minutos inundaron los míos. Hoy no humeará tabaco en mis falanges, para que su aroma no me haga olvidar el que hace una hora impregnó mi nariz y la habitación en donde ante el altar entre piernas pronuncié en lenguas mil plegarias al dios que detesto. Hoy estaré sobrio al describir cómo hace poco menos de una hora me embriagué de deseo, mientras mis dedos leían el braille de la desnudez más perfecta. Hoy me acompañará solo música instrumental, porque no hay vocalista que alcance una octava tan perfecta como la que se cantó a un palmo de mi oído hace media hora. No habrá almohada de plumas tan cómoda como los senos en lo que reposé hace quince minutos, pero en mi almohada miraré al techo y veré los mismos ojos a los cuales amé sostener la mirada por encima y por debajo de las clavículas que soplaba mi nariz. Hoy en sueños reviviré estos instantes de hedonismo y mañana esperaré impaciente a que la realidad me los regale de nuevo.

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