‘Agitación’ por Isabel Salas

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Del lat. agitatio, -ōnis. f. Acción y efecto de agitar. f. Psicol. Trastorno emotivo que se caracteriza por una hiperactividad corporal desordenada y confusa.   Besarlo fue como llevarse a la boca un postre de natas recién hecho. Primero fue un beso corto.  Tímido. Como si fuera un beso de reconocimiento. Después, todo lo que sintió fue fuego. Sus mejillas se encandilaron, también su espalda, su barriga, su sexo y sus rodillas. Era como […]

Isabel Cristina Salas

Comunicadora social en la Universidad del Valle, especialista en comunicación estratégica en la Universidad Sergio Arboleda. Estudiante de Maestría en Gestión Pública de la Universidad de los Andes.

Del lat. agitatio, -ōnis.

  1. f. Acción y efecto de agitar.
  2. f. Psicol. Trastorno emotivo que se caracteriza por una hiperactividad corporal desordenada y confusa.

 

Besarlo fue como llevarse a la boca un postre de natas recién hecho. Primero fue un beso corto.  Tímido. Como si fuera un beso de reconocimiento. Después, todo lo que sintió fue fuego. Sus mejillas se encandilaron, también su espalda, su barriga, su sexo y sus rodillas.

Era como un tempano el día del deshielo.

Sus labios empezaron a caminar por las mejillas de él, ásperas por la barba incipiente. Llegó hasta las orejas y lo saboreó. Sonrió con el gemino que consiguió a cambio. Hundió su nariz entre los cabellos, como si quisiera robarse su olor. Cerró los ojos.

Él quiso apartarla un poco, recorrerla también. Pero ella lo detuvo, tenía que irse y así le dijo.

-¿Te veo mañana? – preguntó.

Con la promesa de un próximo encuentro, sellada con un beso largo en el que los dientes se chocaron, salió del carro.

-Como hoy los acabaste, voy a pasar de una vez por los condones – le dijo sonriendo, inclinándose un poco para ver su rostro a través de la ventana del Logan. Se alejó.

Ella sonrió, entrecerró los ojos y hundió el acelerador sin mirar atrás. En el semáforo se pinto los labios y se acomodó el cabello. Al llegar, saludó con la mano al portero y se puso un poco de la loción que guardaba en la guantera. Como de costumbre, subió los ocho pisos del edificio por las escaleras y, de nuevo, llegó agitada.

-Definitivamente tengo que ir al médico, esta agitación que me da no es normal – Le dijo a su esposo en medio del abrazo de bienvenida.

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