Cali-calabozo, 2019, por Alberto Bejarano

Cali-calabozo, 2019, por Alberto Bejarano

kafka

“Dos posibilidades: hacerse infinitamente pequeño o serlo. La segunda es solución, por lo tanto éxtasis; la primera comenzar por lo tanto a actuar” Kafka

…La escritura como misterio/oráculo/enigma. Descentramiento de la mirada (propia o ajena), la des-escritura como montaje experimental de uno mismo/con uno mismo como un-Otro, a veces más YO, a veces menos Yo, la escritura como proceso (a lo Kafka), como auscultación tanto visible como invisible, la escritura como des-enmascaramiento, como revelación o borradura de uno mismo.  Se escribe porque no se sabe de qué se escribe, se tantea, se bordea algo por venir, una promesa más o menos aplazada o dilatada hacia alguien, cercano, lejano, imaginario, innombrable. Hacerse preguntas, darle vueltas a las preguntas sin esperar respuestas. No explicar, no aclarar, no exponer. Desplegarse, exponerse, desnombrarse. Crear siluetas, huecos, hoyos, horadar el espacio como un animal rastrero, agujerear cada frase, cada palabra, cada acento. Resonar/disonar con tonos, gestos, silencios. Callar/encallar sin miedo o con miedo, hacerse imperceptible para luego ser-otro, serpentear voces que uno escucha, de uno mismo, de otros, del pasado, del futuro: sentarse a escuchar algún ruido exterior o caminar en la naturaleza en busca del silencio. Entrar en el cuerpo, en las heridas, cicatrices, manchas, lunares, tics, cartílagos. Sentir la piel como el bailarín que flota entre tambores con los ojos cerrados, solo o acompañado, y suspirar o gritar o maldecir. O no decir nada. Ser-larva. Poesía ambulatoria/manifiesto de uno mismo. ¿Qué es gritar, qué es callar? ¿Qué no es escribir? Escribir desde el cuerpo como desmontaje de la conciencia, como fuga del logos, de la letra como punto de llegada, de la mimesis como proceso (no kafkiano) de dar historias, más bien dar-a-ver en los sentidos, vislumbrar, reverberar, evaporar las palabras, descomponer las sílabas como si fueran pasos de baile de una bailarina borracha: erramiento como perdida de la memoria, sin trascendencia ni esencia ni fijación del sentido. Escribir sin rumbo fijo pero escribir, a lápiz, en la pared, en el piso, en el cuerpo, con carboncillo, con tinta china, con aerosol, que queden manchas, huellas, rezagos. Verse en otro, en un perro, en una piedra, en un esquimal, en una bruja. Aullar, asesar, relinchar con o sin sonidos. El silencio es una puerta, ¿se abre se cierra se queda entre abierta? Se escribe más con el silencio que con el ruido. Escuchar el chirrido de las puertas, palpar el oxido, oler el aceite. Leerse al derecho y al revés: anagramas, palíndromos, aliteraciones. Volverse un palimpsesto. Palpar la escritura en la erótica de las texturas de lo que no escribimos, pero olemos, rasgamos, saboreamos. Hacer del cuerpo la escritura misma de una máquina infinita: ¿dónde está mi cuerpo, qué le produzco, qué me produce? Volverse fábrica inconsciente. Hacerse o ser laberinto, sin centro, ni minotauro ni hilo de Ariadna:…watchteriverflowBobDylan/ElincomprendidoIsmaelRivera… 

“(…) Sólo podemos atender al mundo orecular. Teníamos la justicia codificación de la venganza. La ciencia codificación de la Magia. Antropofagia. La transformación permanente del Tabú en tótem. Contra el mundo reversible y las ideas objetivadas. Cadaverizadas. El stop del pensamiento que es dinámico. El individuo víctima del sistema. Fuente de las injusticias clásicas. De las injusticias románticas. Y el olvido de las conquistas interiores. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas. Rutas (…)” Manifesto antropofágico, Oswald de Andrade, Brasil, 1928

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